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'...Ser devorado por ese pequeño monstruo que albergamos en nuestro interior, lentamente, sin descanso. Para las almas perdidas, como yo, no hay otro camino que la lenta consumición. No hay fuerza sobre nuestros huesos capaz de llevarse consigo tamaño vacío. Tarde o temprano saldrá nuestro Hyde y bueno, Beatrice, ya sabes entonces lo que ocurrirá'
Beatrice miró al suelo empequeñecida. Él la miraba desde arriba intensamente, el rostro desencajado, la mirada profunda, desesperada, nunca antes tan lúcida, nunca antes tan presente.
'A Hyde yo no lo temo. En el fondo no era tan malo. Al que tengo pavor es a aquél que mira inanimado lo que le rodea, con un pie en la tumba más que en la tierra. Prefiero tu violencia a tu paulatina e inevitable cosificación.'
Su mirada tempestuosa fue disipándose, los rasgos más suavizados, una triste sonrisa y un susurrante 'Ya...' cargado de ternura. A veces no se acordaba de que Beatrice era tan débil como aparentaba. Su espíritu era fuerte pero no soportaba la soledad como lo hacía el resto del universo. A veces se le olvidaba que existía, tan silenciosa, enigmática, inalcanzable, impenetrable y por eso aparentemente prescindible, pero por mucho que se olvidara cada dos por tres de su existencia siempre una neurona se lo recordaba. Y la echaba de menos hasta que se daba cuenta el mundo estaba ahí, al lado suyo. Miraba al suelo, a izquierda y derecha y entonces la vislumbraba a su lado, la frente despejada, el pelo largo, sus pestañas largas vueltas hacia un libro que devoraba, su respiración dormitaba. Era injusto y él lo sabía. Se acercó a ella, la rodeó con sus brazos y besó su pelo.
'Adios'
Beatrice miró al suelo empequeñecida. Él la miraba desde arriba intensamente, el rostro desencajado, la mirada profunda, desesperada, nunca antes tan lúcida, nunca antes tan presente.
'A Hyde yo no lo temo. En el fondo no era tan malo. Al que tengo pavor es a aquél que mira inanimado lo que le rodea, con un pie en la tumba más que en la tierra. Prefiero tu violencia a tu paulatina e inevitable cosificación.'
Su mirada tempestuosa fue disipándose, los rasgos más suavizados, una triste sonrisa y un susurrante 'Ya...' cargado de ternura. A veces no se acordaba de que Beatrice era tan débil como aparentaba. Su espíritu era fuerte pero no soportaba la soledad como lo hacía el resto del universo. A veces se le olvidaba que existía, tan silenciosa, enigmática, inalcanzable, impenetrable y por eso aparentemente prescindible, pero por mucho que se olvidara cada dos por tres de su existencia siempre una neurona se lo recordaba. Y la echaba de menos hasta que se daba cuenta el mundo estaba ahí, al lado suyo. Miraba al suelo, a izquierda y derecha y entonces la vislumbraba a su lado, la frente despejada, el pelo largo, sus pestañas largas vueltas hacia un libro que devoraba, su respiración dormitaba. Era injusto y él lo sabía. Se acercó a ella, la rodeó con sus brazos y besó su pelo.
'Adios'
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Tag :// Reflexiones
It’s five
in the morning, what are you waiting for? Your red lips are stark, like your body; it’s
similar to a doll, or even worse, similar to an inflatable doll. Your eyes
sometimes glance to the clock but rarely do they seem awake. You’re an empty woman emptying a bottle of
whisky. The last day rice remains in the plate, the air is stale and you inhale
it as if it were LSD.
Iron Maiden
is sounding in the hi-fi. The verses of Charlotte the harlot speak through it. “Charlotte youve got your legs in the air” Then, as if a
spell has been toned, you move your two legs up awkwardly and finally they fall
returning again to the floor. You look at the clock. It’s so late and you’re
so tired... so stand up and return to the sweet house of dreams since it’s better
than standing awake. Bitter taste of pills in your tongue that makes the throat
has a beautiful erection of fluids but you avoid it.
The clothes you wear
are dark like the night that soon will be dying in the dawn “Taking so many men
to your room, dont you feel no remorse?” You sigh. It’s late, you know, you don’t
want to think. So many men faces crossed your skin that it’s difficult to count
them. Last one is still there hurting you; well, but it's also being devoured by you.
The necessity to be loved is beating your mind. Alcoholic life surrounded by
drugs, emptiness, loneliness, parks and wet grass. Last smiles are floating in
the fictitious sky of the memory. They are pretty fuzzy. Your vent sucks out the
remains of the liquid. A cough, nothing more emits the corpse. “Charlotte youve got your legs in the
air, dont you hear all the laughter?”
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Tag :// Música
Cientos, miles, millones de ojos capturan cada instante de nuestras vidas.
Si los plasmáramos en papel, no quedarían árboles en pie. Qué extraña es la maquinaria humana que almacena todo y borra lo que quiere sin pedir permiso al consciente. Cuántas miradas desaprovecha y cuantas busca sin conseguirlo. Porque admitámoslo, nos atrae lo imposible, es una fuerza que raya en lo morboso y cuando alcanzamos ese imposible pierde valor a nuestros ojos, ya no es un reto, un sueño, ya no quieren nuestras pupilas dirigir su objetivo hacia ese punto.
Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido observados, y es gracias a esas cámaras que llevamos incorporadas en el rostro. Nunca sabemos adónde apuntan ya que su rango de visión es amplio, y hemos de ser sinceros, todos en algún momento tendemos hacia el egocentrismo, tenemos complejo de teocentristas, adivinad quién es Theos. Las motas de polvo piensan que son algo más que eso, que son esenciales, no un mero capricho.
Los ojos, es posible que tenga alguna fatal atracción hacia ellos, no en vano me pasaba mi secundaria dibujándolos en los márgenes, eso sí muchos eran de dragón, otro imposible, cómo veis.
Dicho ésto el fotógrafo concluyó la presentación de su obra. Miles de ojos sin nombre observaban desde las mal iluminadas paredes de la galería, tan vivos que parecían estar captando cada instante de verdad embutidos en invisibles tarros de formol.
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Sus manos estaban manchadas. Ella no sabía el por qué, pero
le gustaba el color que tenían, tan intenso, le recordaba a las témperas que
usaba en la escuela. Miraba indecisa debajo del paraguas, los pies de las demás
personas eran demasiados grandes en comparación con los suyos. Eran gigantes embutidos
en trajes pintorescos. Se le venía a la cabeza una caricatura que había visto
días antes en una revista, cerdos vestidos de frac, habanos cómo los que
fumaba su abuelo, el de los caramelos de limón y nata, sentados frente a un mapa
del mundo, cómo el que había colgado de la pared de la clase que a ratos
distraída miraba soñando con océanos y tierras lejanas. No había entendido muy
bien su significado, pero también era colorista como sus manos y eso le gustaba. ¿Para qué servía el gris?, le recordaba a la palidez insípida de las lápidas y
eso le producía temor e incomprensión. Le gustaba el calor que emanaba de lo
vivo como la lengua húmeda y cálida del perro de la vecina o el pelaje del
gato negro, ese de su abuela, que aunque le bufaba y sacaba las uñas siempre se
empeñaba en estrujar. Pasó con cuidado, esquivando otros paraguas, no quería
que el suyo chocara, era incómodo. Las puntas le daban miedo, tenía la
impresión de que arrancaría ojos con ellas o se los arrancarían a ella si se
descuidaba y no estaba alerta. Estaba muy contenta, tenía un nuevo amigo que no
la arañaba y siempre se acurrucaba en sus piernas, era felino y tenía unos
dientes muy puntiagudos y pequeños como los de ella, quería creer. Estaba muy
orgullosa, le había conseguido almuerzo, uno que sabía que realmente le
gustaría, su abuela siempre le decía, a los gatos les encanta la carne cruda,
yo a mi gato le doy hígado de ternero, ella no iba a ser menos. Volvía de la
escuela y saltaba de charco en charco mojándose las botas. Algo dio tumbos
dentro del tupper que llevaba en el brazo izquierdo. Había traído a casa a Neko
hacía dos semanas y recordaba que su madre se había enfadado mucho mientras su
padre había pronunciado un escueto “Déjala”. Pero Mamá no sabía cómo alimentarle, dejaba en
un cuenco pienso de ese tan desagradable, aún tenía en la boca el regusto, y
Neko apenas probaba bocado. Ella le pedía a su madre que le diera las sobras de
la comida pero le decía que él ya tenía su comida. Se enfadaba y cruzaba los
brazos contra el pecho, pero bueno, ahora estaba feliz, Neko comería bien,
aunque para ello se hubiera manchado las manos. Rojo, rojo, le gustaba ese
color, era el color de la gelatina de fresa que comía todos los domingos y a
ella le gustaban los domingos pues los pasaba sentada con las piernas cruzadas
encima del sofá viendo películas antiguas junto con Papá y además el tío
Charlie siempre aparecía y le daba chuches y le contaba historias de otros
tiempos.
Neko salió a recibirla a la puerta. Miró con deseo el tupper
y ella sonrío. "¿Dónde lo has conseguido?" "Es un secreto, Mamá." "Qué sucias tienes
las manos, no se juega con comida. Ven, que te las lavo." "No hace falta, me gusta su color rojo." "Mira
qué eres rara, dale de comer y ve a lavártelas, no quiero que toques nada con
esas manos, he dicho."
Sus labios se pronunciaron en una mueca divertida cuando se
quedó a solas con su gato. Sacó las vísceras
y las puso en plato, Neko se abalanzó hacia ellas. Abrió el grifo. Los
dientes desgarraban el tejido celular, la sangre manaba, ras, ras, los
colmillos de Neko adquirieron un leve matiz escarlata. Cloc, cerró el grifo.
Dejó el resto de las reservas en el congelador. "¿Hablaste con la señorita N…?" "Sí." "¿Y qué dijo?" "Mamá, mañana no hace falta que vaya a la escuela." "¿Y eso?" "La
señorita N… faltará." "¿Os lo ha dicho?" "No, pero lo sé." "¿Estás intentado
engañarme? Irás." "Ya lo verás."
El frío la hería en las mejillas. De la mano enorme de su
madre caminaba sobre el patio lleno de escarcha. “Lo siento, he de informarles
de que la Señorita N... se encuentra indispuesta. Las clases se cancelan.” La voz
sonaba fría y distorsionada en el altavoz,
Mamá la miró nerviosa. Ella le sonrió, un “Te lo dije” mudo.
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Supo enamorarme. Barbilla prominente, de esas que te dan
ganas de recorrer con los labios, pelo ondulado y revuelto, aire bohemio. En
sus labios un cigarro consumía con largas y lentas caladas. Rondaba los treinta
y en sus ojos se traslucía ese encanto de una persona que ha visto mundo, tan
magnética, electrizante que deseas poseerla con un chasquido de dedos. Yo como
una tonta, con tacones, le observaba de reojo. Demasiado mayor, pensé, pero es
mono. Y mis labios se curvaban en una sonrisa coqueta cada vez que en el camino
nuestros iris se encontraban. De vez en cuando distraídamente daba un trago de
la cerveza que sobre la mesa reposaba, aún fría. Asentía con la cabeza
robóticamente al murmullo de mis acompañantes, solo existía él y mis ganas de
besarle. Cambió la canción y por un instante volví de aquella realidad, cerré
los ojos y dejé que me envolvieran los versos de Robert Plan, el fraseo de la
guitarra de Jimmy Page. Me sentí contemplada y contraataqué con una risa sorda
y una fugaz mirada hacia abajo, divertida. Mi imaginación estaba disparada. Un
par de susurros al oído y nos levantamos, cruzamos la puerta de salida,
acurrucadas. El cierzo nos golpeó en la cara. Uno, dos, tres pasos ¿Ya os vais?
Me giré y él, cigarro en mano, encogido por el frío que penetraba a través de
su jersey negro me observaba, mudas palabras. Quédate, mi cerebro suspiró. Lo
miré como asustada y me di la vuelta. Abrazada a mi misma me alejé del lugar.
Idiota, ¿por qué callaste? Por miedo a que lo platónico dejara de ser sueño.
Suspiré y maldije mi cobardía mientras abría la puerta del taxi.
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-Hagámonos pequeños, diminutos, invisibles amenos que se utilice un microscopio.
- ¿Diminutos como pompas de jabón que se deslizan a través de un flotador salvavidas desde unos labios entreabiertos?
- Más aún, nuestro mundo debe ser una pompa.
-Qué efímero, ¿no? No quiero estar encerrada entre paredes redondeadas. ¿Suspiras? Ya me asfixio demasiado perteneciendo a esta pelota que esconde bajo su superficie lava.
- Qué cosas tienes. ¿Te sorprende que me ría? Princesa, no creo que estés encadenada. ¿Acaso no saltas ni ríes, ni corres cada vez que se te escapa el tranvía hasta la próxima parada con una sonrisa aflorando en tu boca?
- No entiendes nada.
-¿No?
- La Tierra oculta muy bien sus miasmas, pero de vez en cuando estalla hiriéndose a sí misma, dejando ver qué se esconde bajo su cenicienta capa.
- ¿Diminutos como pompas de jabón que se deslizan a través de un flotador salvavidas desde unos labios entreabiertos?
- Más aún, nuestro mundo debe ser una pompa.
-Qué efímero, ¿no? No quiero estar encerrada entre paredes redondeadas. ¿Suspiras? Ya me asfixio demasiado perteneciendo a esta pelota que esconde bajo su superficie lava.
- Qué cosas tienes. ¿Te sorprende que me ría? Princesa, no creo que estés encadenada. ¿Acaso no saltas ni ríes, ni corres cada vez que se te escapa el tranvía hasta la próxima parada con una sonrisa aflorando en tu boca?
- No entiendes nada.
-¿No?
- La Tierra oculta muy bien sus miasmas, pero de vez en cuando estalla hiriéndose a sí misma, dejando ver qué se esconde bajo su cenicienta capa.
Hagámonos pequeños y saltemos de pompa en pompa hasta que nos precipitemos contra el suelo
8/2/12
Posted by Wolfgang
Tag :// Escritos




