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'...Ser devorado por ese pequeño monstruo que albergamos en nuestro interior, lentamente, sin descanso. Para las almas perdidas, como yo, no hay otro camino que la lenta consumición. No hay fuerza sobre nuestros huesos capaz de llevarse consigo tamaño vacío. Tarde o temprano saldrá nuestro Hyde y bueno, Beatrice, ya sabes entonces lo que ocurrirá'
Beatrice miró al suelo empequeñecida. Él la miraba desde arriba intensamente, el rostro desencajado, la mirada profunda, desesperada, nunca antes tan lúcida, nunca antes tan presente.
'A Hyde yo no lo temo. En el fondo no era tan malo. Al que tengo pavor es a aquél que mira inanimado lo que le rodea, con un pie en la tumba más que en la tierra. Prefiero tu violencia a tu paulatina e inevitable cosificación.'
Su mirada tempestuosa fue disipándose, los rasgos más suavizados, una triste sonrisa y un susurrante 'Ya...' cargado de ternura. A veces no se acordaba de que Beatrice era tan débil como aparentaba. Su espíritu era fuerte pero no soportaba la soledad como lo hacía el resto del universo. A veces se le olvidaba que existía, tan silenciosa, enigmática, inalcanzable, impenetrable y por eso aparentemente prescindible, pero por mucho que se olvidara cada dos por tres de su existencia siempre una neurona se lo recordaba. Y la echaba de menos hasta que se daba cuenta el mundo estaba ahí, al lado suyo. Miraba   al suelo, a izquierda y derecha y entonces la vislumbraba a su lado, la frente despejada, el pelo largo, sus pestañas largas vueltas hacia un libro que devoraba, su respiración dormitaba. Era injusto y él lo sabía. Se acercó a ella, la rodeó con sus brazos y besó su pelo.
 'Adios'

Borrador.

19/5/12
Posted by Wolfgang
It’s five in the morning, what are you waiting for? Your red lips are stark, like your body; it’s similar to a doll, or even worse, similar to an inflatable doll. Your eyes sometimes glance to the clock but rarely do they seem awake.  You’re an empty woman emptying a bottle of whisky. The last day rice remains in the plate, the air is stale and you inhale it as if it were LSD.
Iron Maiden is sounding in the hi-fi. The verses of Charlotte the harlot speak through it.Charlotte youve got your legs in the air” Then, as if a spell has been toned, you move your two legs up awkwardly and finally they fall returning again to the floor. You look at the clock. It’s so late and you’re so tired... so stand up and return to the sweet house of dreams since it’s better than standing awake. Bitter taste of pills in your tongue that makes the throat has a beautiful erection of fluids but you avoid it.
The clothes you wear are dark like the night that soon will be dying in the dawn “Taking so many men to your room, dont you feel no remorse?” You sigh. It’s late, you know, you don’t want to think. So many men faces crossed your skin that it’s difficult to count them. Last one is still there hurting you; well, but it's also being devoured by you. The necessity to be loved is beating your mind. Alcoholic life surrounded by drugs, emptiness, loneliness, parks and wet grass. Last smiles are floating in the fictitious sky of the memory. They are pretty fuzzy. Your vent sucks out the remains of the liquid. A cough, nothing more emits the corpse.  “Charlotte youve got your legs in the air, dont you hear all the laughter?”



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Cientos, miles, millones de ojos capturan cada instante de nuestras vidas.



Si los plasmáramos en papel, no quedarían árboles en pie. Qué extraña es la maquinaria humana que almacena todo y borra lo que quiere sin pedir permiso al consciente. Cuántas miradas desaprovecha y cuantas busca sin conseguirlo. Porque admitámoslo, nos atrae lo imposible, es una fuerza que raya en lo morboso y cuando alcanzamos ese imposible pierde valor a nuestros ojos, ya no es un reto, un sueño, ya no quieren nuestras pupilas dirigir su objetivo hacia ese punto. 
Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido observados, y es gracias a esas cámaras que llevamos incorporadas en el rostro. Nunca sabemos adónde apuntan ya que su rango de visión es amplio, y hemos de ser sinceros, todos en algún momento tendemos hacia el egocentrismo, tenemos complejo de teocentristas, adivinad quién es Theos. Las motas de polvo piensan que son algo más que eso, que son esenciales, no un mero capricho.
Los ojos, es posible que tenga alguna fatal atracción hacia ellos, no en vano me pasaba mi secundaria dibujándolos en los márgenes, eso sí muchos eran de dragón, otro imposible, cómo veis. 

Dicho ésto el fotógrafo concluyó la presentación de su obra. Miles de ojos sin nombre observaban desde las mal iluminadas paredes de la galería, tan vivos que parecían estar captando cada instante de verdad embutidos en invisibles tarros de formol.

Aquellos ojos, sobre los ojos.

28/2/12
Posted by Wolfgang

Sus manos estaban manchadas. Ella no sabía el por qué, pero le gustaba el color que tenían, tan intenso, le recordaba a las témperas que usaba en la escuela. Miraba indecisa debajo del paraguas, los pies de las demás personas eran demasiados grandes en comparación con los suyos. Eran gigantes embutidos en trajes pintorescos. Se le venía a la cabeza una caricatura que había visto días antes en una revista, cerdos vestidos de frac, habanos cómo los que fumaba su abuelo, el de los caramelos de limón y nata, sentados frente a un mapa del mundo, cómo el que había colgado de la pared de la clase que a ratos distraída miraba soñando con océanos y tierras lejanas. No había entendido muy bien su significado, pero también era colorista como sus manos y eso le gustaba. ¿Para qué servía el gris?, le recordaba a la palidez insípida de las lápidas y eso le producía temor e incomprensión. Le gustaba el calor que emanaba de lo vivo como la lengua húmeda y cálida del perro de la vecina o el pelaje del gato negro, ese de su abuela, que aunque le bufaba y sacaba las uñas siempre se empeñaba en estrujar. Pasó con cuidado, esquivando otros paraguas, no quería que el suyo chocara, era incómodo. Las puntas le daban miedo, tenía la impresión de que arrancaría ojos con ellas o se los arrancarían a ella si se descuidaba y no estaba alerta. Estaba muy contenta, tenía un nuevo amigo que no la arañaba y siempre se acurrucaba en sus piernas, era felino y tenía unos dientes muy puntiagudos y pequeños como los de ella, quería creer. Estaba muy orgullosa, le había conseguido almuerzo, uno que sabía que realmente le gustaría, su abuela siempre le decía, a los gatos les encanta la carne cruda, yo a mi gato le doy hígado de ternero, ella no iba a ser menos. Volvía de la escuela y saltaba de charco en charco mojándose las botas. Algo dio tumbos dentro del tupper que llevaba en el brazo izquierdo. Había traído a casa a Neko hacía dos semanas y recordaba que su madre se había enfadado mucho mientras su padre había pronunciado un escueto “Déjala”.  Pero Mamá no sabía cómo alimentarle, dejaba en un cuenco pienso de ese tan desagradable, aún tenía en la boca el regusto, y Neko apenas probaba bocado. Ella le pedía a su madre que le diera las sobras de la comida pero le decía que él ya tenía su comida. Se enfadaba y cruzaba los brazos contra el pecho, pero bueno, ahora estaba feliz, Neko comería bien, aunque para ello se hubiera manchado las manos. Rojo, rojo, le gustaba ese color, era el color de la gelatina de fresa que comía todos los domingos y a ella le gustaban los domingos pues los pasaba sentada con las piernas cruzadas encima del sofá viendo películas antiguas junto con Papá y además el tío Charlie siempre aparecía y le daba chuches y le contaba historias de otros tiempos.

Neko salió a recibirla a la puerta. Miró con deseo el tupper y ella sonrío. "¿Dónde lo has conseguido?" "Es un secreto, Mamá." "Qué sucias tienes las manos, no se juega con comida. Ven, que te las lavo."  "No hace falta, me gusta su color rojo." "Mira qué eres rara, dale de comer y ve a lavártelas, no quiero que toques nada con esas manos, he dicho."
Sus labios se pronunciaron en una mueca divertida cuando se quedó a solas con su gato. Sacó las vísceras  y las puso en plato, Neko se abalanzó hacia ellas. Abrió el grifo. Los dientes desgarraban el tejido celular, la sangre manaba, ras, ras, los colmillos de Neko adquirieron un leve matiz escarlata. Cloc, cerró el grifo. Dejó el resto de las reservas en el congelador. "¿Hablaste con la señorita N…?" "Sí." "¿Y qué dijo?" "Mamá, mañana no hace falta que vaya a la escuela." "¿Y eso?" "La señorita N… faltará." "¿Os lo ha dicho?" "No, pero lo sé." "¿Estás intentado engañarme? Irás." "Ya lo verás."

El frío la hería en las mejillas. De la mano enorme de su madre caminaba sobre el patio lleno de escarcha. “Lo siento, he de informarles de que la Señorita N... se encuentra indispuesta. Las clases se cancelan.” La voz sonaba fría y  distorsionada en el altavoz, Mamá la miró nerviosa. Ella le sonrió, un “Te lo dije” mudo. 


Supo enamorarme. Barbilla prominente, de esas que te dan ganas de recorrer con los labios, pelo ondulado y revuelto, aire bohemio. En sus labios un cigarro consumía con largas y lentas caladas. Rondaba los treinta y en sus ojos se traslucía ese encanto de una persona que ha visto mundo, tan magnética, electrizante que deseas poseerla con un chasquido de dedos. Yo como una tonta, con tacones, le observaba de reojo. Demasiado mayor, pensé, pero es mono. Y mis labios se curvaban en una sonrisa coqueta cada vez que en el camino nuestros iris se encontraban. De vez en cuando distraídamente daba un trago de la cerveza que sobre la mesa reposaba, aún fría. Asentía con la cabeza robóticamente al murmullo de mis acompañantes, solo existía él y mis ganas de besarle. Cambió la canción y por un instante volví de aquella realidad, cerré los ojos y dejé que me envolvieran los versos de Robert Plan, el fraseo de la guitarra de Jimmy Page. Me sentí contemplada y contraataqué con una risa sorda y una fugaz mirada hacia abajo, divertida. Mi imaginación estaba disparada. Un par de susurros al oído y nos levantamos, cruzamos la puerta de salida, acurrucadas. El cierzo nos golpeó en la cara. Uno, dos, tres pasos ¿Ya os vais? Me giré y él, cigarro en mano, encogido por el frío que penetraba a través de su jersey negro me observaba, mudas palabras. Quédate, mi cerebro suspiró. Lo miré como asustada y me di la vuelta. Abrazada a mi misma me alejé del lugar. Idiota, ¿por qué callaste? Por miedo a que lo platónico dejara de ser sueño. Suspiré y maldije mi cobardía mientras abría la puerta del taxi.

Aquel extraño.

12/2/12
Posted by Wolfgang
-Hagámonos pequeños, diminutos, invisibles amenos que se utilice un microscopio.
- ¿Diminutos como pompas de jabón que se deslizan a través de un flotador salvavidas desde unos labios entreabiertos?
- Más aún, nuestro mundo debe ser una pompa.
-Qué efímero, ¿no? No quiero estar encerrada entre paredes redondeadas. ¿Suspiras? Ya me asfixio demasiado perteneciendo a esta pelota que esconde bajo su superficie lava.
- Qué cosas tienes. ¿Te sorprende que me ría? Princesa, no creo que estés encadenada. ¿Acaso no saltas ni ríes, ni corres cada vez que se te escapa el tranvía hasta la próxima parada con una sonrisa aflorando en tu boca?
- No entiendes nada.
-¿No?
- La Tierra oculta muy bien sus miasmas, pero de vez en cuando estalla  hiriéndose  a sí misma, dejando ver qué se esconde bajo su cenicienta capa. 

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