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// Posted by :Wolfgang
// On :12/2/12
Supo enamorarme. Barbilla prominente, de esas que te dan
ganas de recorrer con los labios, pelo ondulado y revuelto, aire bohemio. En
sus labios un cigarro consumía con largas y lentas caladas. Rondaba los treinta
y en sus ojos se traslucía ese encanto de una persona que ha visto mundo, tan
magnética, electrizante que deseas poseerla con un chasquido de dedos. Yo como
una tonta, con tacones, le observaba de reojo. Demasiado mayor, pensé, pero es
mono. Y mis labios se curvaban en una sonrisa coqueta cada vez que en el camino
nuestros iris se encontraban. De vez en cuando distraídamente daba un trago de
la cerveza que sobre la mesa reposaba, aún fría. Asentía con la cabeza
robóticamente al murmullo de mis acompañantes, solo existía él y mis ganas de
besarle. Cambió la canción y por un instante volví de aquella realidad, cerré
los ojos y dejé que me envolvieran los versos de Robert Plan, el fraseo de la
guitarra de Jimmy Page. Me sentí contemplada y contraataqué con una risa sorda
y una fugaz mirada hacia abajo, divertida. Mi imaginación estaba disparada. Un
par de susurros al oído y nos levantamos, cruzamos la puerta de salida,
acurrucadas. El cierzo nos golpeó en la cara. Uno, dos, tres pasos ¿Ya os vais?
Me giré y él, cigarro en mano, encogido por el frío que penetraba a través de
su jersey negro me observaba, mudas palabras. Quédate, mi cerebro suspiró. Lo
miré como asustada y me di la vuelta. Abrazada a mi misma me alejé del lugar.
Idiota, ¿por qué callaste? Por miedo a que lo platónico dejara de ser sueño.
Suspiré y maldije mi cobardía mientras abría la puerta del taxi.

Describes tan bien que incluso me lo imaginé.
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