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// Posted by :Wolfgang
// On :16/11/12
Corre, da la espalda a la niebla que te rodea y tiende sus fantasmales uñas en un intento de desgarrarte en dos. Sigue esa cuesta custodiada por sauces y olvida por unos segundos que hay vida, ruedas rugiendo contra el asfalto. Déjate estrechar hasta quedarte sin aliento y sólo la oscuridad te arrope, mientras tu vívida imaginación ejecuta una nana apasionada contra las teclas del clavicordio de tu ánima. No existe más que Gea y ella no te escruta con mirada severa. Siente el vacío y la soledad, y contempla en esa nada sin nombre tu libertad encadenada a un cuerpo tremendamente defectuoso, estremecedoramente frágil y diminuto. Como siempre tratas de olvidar que sólo eres una mota de polvo determinada a conformar un ente dentro de un universo sin nombre, te vas haciendo añicos. De nada sirve abrazarse intentando sostener todos tus pedazos, ni tender tu lengua a otra para amarrar a tus neuronas un atisbo de sentido, cuando carece y escapa a la comprensión de una canica. De nada sirve Dios si sólo reside en nuestra desesperada mente, ni los muros laberínticos de la sesera. Nada entrará igual, sin llamar a la puerta, con o sin barreras, acompañado o acurrucado en una camisa de fuerza, en una sala de paredes acolchadas, del cual tú eres dueño, señor y único habitante. El olvido es el primer paso y todos estrechamos la mano a Leteo cuando nos mira benevolentemente desde la entrada, con su sonrisa desencajada. Salta.
